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Hacia indicadores alternativos del endeudamiento de los países en desarrollo
por François Combarnous
21 de noviembre de 2005

Los indicadores macroeconómicos del endeudamiento de los PED deben medir o describir el estado de endeudamiento de los países considerados. Deben resaltar las tendencias que pudieran conducir a dificultades económicas, sociales o políticas, y también deben permitir la detección de posibles desviaciones del endeudamiento, en relación a un estado o situación de referencia. Así mismo, los indicadores de endeudamiento deben permitir la evaluación de la eficiencia de una acción dada. Para responder a estas expectativas, deben, por lo tanto, visualizar las relaciones de causa a efecto entre una decisión o una acción y sus consecuencias (efecto, impacto, peligro o riesgo) sobre el grado de endeudamiento y/o la carga que representa.

1. Los atributos necesarios de todo buen indicador de endeudamiento

Las calidades indispensables de un buen indicador

En general, es muy importante que un indicador con intención de ser internacional:

(i) sea lo más objetivo posible, es decir, que no refleje valores o posiciones personales de quien lo calcula (por ejemplo, podría ser interesante relacionar los importes de la deuda con los sueldos de los funcionarios de las instituciones internacionales, pero no existe un enlace suficientemente objetivo para que ese indicador sea indiscutible);
(ii) mida resultados y no potencialidades;
(iii) permita establecer una distribución de los resultados obtenidos;
(iv) sea de cálculo simple y de fácil comprensión;
(v) permita comparaciones internacionales.

Por otra parte, los indicadores deben satisfacer cierto número de cualidades que pueden ser, ocasionalmente, contradictorias, y que son:

(i) la pertinencia: la medida debe describir perfectamente el fenómeno que se estudia, tiene que ser significativa y esta cualidad debe ser perdurable.
(ii) la simplicidad: se debe poder obtener la información con facilidad, con poco coste y de manera que quien la utilice pueda hacerlo de la manera más directa posible. iii. la objetividad: se debe poder calcular el indicador sin ambigüedades, a partir de magnitudes mensurables.
(iv) la univocidad: el indicador debe variar de manera unívoca respecto al fenómeno descrito para poder interpretar esas variaciones sin equívocos.
(v) la sensibilidad: el indicador debe variar de forma significativa para variaciones relativamente pequeñas del fenómeno.
(vi) la precisión: el indicador debe estar definido con un margen de error aceptable en función de la precisión de las medidas de las magnitudes observables.
(vii) la fidelidad: si el indicador presenta un sesgo en relación al concepto que representa, debe mantener este sesgo constante, en relación con las unidades espacio-temporales de referencia.
(viii) la auditabilidad: o sea, la posibilidad de que una tercera persona pueda verificar la aplicación correcta de las reglas de uso de los indicadores: compilación de datos, tratamiento, organización, difusión e interpretación. (ix) la comunicabilidad: los indicadores deben permitir el diálogo entre poblaciones que no tienen necesariamente los mismos problemas.
(x) la aceptabilidad: el indicador deber ser atrayente y no debe ofender la cultura del usuario potencial.

En resumen, el indicador debe reflejar, de manera fiel, el fenómeno estudiado para permitir una evaluación rápida y simple de los parámetros que se controlan.

Un indicador que tenga estos atributos puede, en consecuencia, tener diferentes funciones:

(i) puede servir para evaluar el grado de eficiencia con respecto al fenómeno estudiado.
(ii) puede ofrecer información que permita mantener o mejorar este grado de eficiencia.
(iv) debe permitir detectar los errores, los problemas, las irregularidades, las discrepancias, con el fin de mejorar el grado de eficiencia observado.
(v) puede permitir apreciar los progresos realizados y los que quedan por hacer.

Fuentes de datos reconocidas y disponibles

Cuando consideramos, de manera más específica, el ámbito de la deuda, vemos que las fuentes de datos que podemos utilizar son escasas. si queremos satisfacer los criterios de simplicidad y auditabilidad. Objetivamente, los únicos datos “universales” disponibles y reconocidos son los que emanan de las instituciones internacionales. Por lo tanto, y a pesar de las numerosas objeciones que se puede hacer a los métodos de compilación y a la pertinencia de estos datos, tendremos que calcular nuestros indicadores de endeudamiento con la base de datos del FMI y del Banco Mundial. La inmensa mayoría de analistas utilizan estas mismas fuentes, lo que ofrece a sus análisis cierto “lenguaje estadístico común”. En efecto, los “Indicadores de desarrollo mundial” del Banco Mundial y el informe sobre “Finanzas para el desarrollo global” de esta misma institución serán la única fuente de datos. El principal interés de esta elección reside en la relativa homogeneidad de los métodos de compilación de datos, lo que permite hacer comparaciones internacionales e intertemporales. Más allá de la cualidad intrínseca de los datos ofrecidos por estas fuentes, éstos nos permiten satisfacer el importante criterio de fidelidad. Criterio que no estará garantizado si recurrimos a fuentes locales de datos no homogeneizados y, a menudo, difícilmente comparables.

2. El sentido y lo implícito de los indicadores oficiales elaborados por las IFI

Las medidas oficiales de la deuda son de tres tipos. Por una parte, cierto número de medidas “absolutas”, evaluadas en dólares corrientes, ofrecen anualmente informes sobre los importes del stock y del servicio de la deuda (deuda externa total y servicio total de la deuda). Los montos de la deuda también están divididos en stock de deuda a largo plazo y a corto plazo, correspondientes a la deuda pública y a la deuda privada (deuda privada no garantizada, y deuda privada con garantía pública -PPG-). El servicio de la deuda también se subdivide en deuda pública y deuda privada. Por otra parte, las IFI proponen algunas ratios que relacionan los valores antes citados con valores del PIB o del PNB, o bien con los importes de exportaciones de bienes y servicios: monto actual de la deuda como porcentaje del valor de las exportaciones de bienes y servicios; monto actual de la deuda como porcentaje de PNB; servicio total de la deuda como porcentaje de exportación de bienes y servicios; servicio total de la deuda como porcentaje de PNB; deuda total del gobierno central como porcentaje de PIB; servicio de la deuda correspondiente a la privada con garantía pública (PPG) y al FMI como porcentaje de exportación de bienes y servicio; servicio de la deuda PPG como porcentaje del ingreso corriente del gobierno central. Y, finalmente, se proponen algunos indicadores de caracterización, de descripción o de composición de la deuda y de los flujos financieros, según el tipo de acreedores, las divisas, los plazos y vencimientos o los tipos de préstamos considerados, los importes de recompras y las reducciones de la deuda, así como los correspondientes a las reservas internacionales.

En concreto, aparentemente, la vocación del conjunto de indicadores de endeudamiento existentes (las ratios) es de ser indicadores de la capacidad de los países para asegurar el reembolso de la deuda, ya sea por la riqueza que generan (PIB o PNB), ya sea, en forma más directa, por la parte de dicha riqueza que permite generar divisas transferibles (el importe de las exportaciones). Por consiguiente, estos indicadores se dirigen fundamentalmente a los acreedores y sólo permiten conocer en qué medida la riqueza disponible de un país le permitirá garantizar el cumplimiento de sus “deberes” como país deudor.

3. La necesidad de una visión complementaria: algunas propuestas

Puesto que los indicadores disponibles no tienen en cuenta las consecuencias que el endeudamiento tiene para los países deudores, resulta necesario elaborar unos indicadores suplementarios cuya finalidad sea considerar su impacto social y económico y mostrar la carga efectiva que la deuda significa para el desarrollo de los países endeudados.

Para ello, es necesario, en primer lugar, elegir una medida de la deuda entre el stock, que representa el monto total de la deuda, evaluado cada año, y el flujo que representa el servicio anual de la misma. Para decidir optar por uno u otro de estos parámetros, es importante identificar con claridad el objetivo de la medida de los indicadores. Si el objetivo es proporcionar información sobre la capacidad de un país de soportar el peso del endeudamiento o sobre el impacto, o sea el peso de esta carga sobre ciertos aspectos sociales y económicos, se impone entonces la evaluación del servicio de la deuda- En efecto, ni los stocks constituidos por la acumulación de la deuda, ni los flujos del endeudamiento tienen, en definitiva, una influencia claramente establecida bien sobre el desarrollo o bien sobre la carga sufrida día a día por un país. Sólo el servicio de la deuda constituye una carga financiera efectiva, que capta una parte de los fondos disponibles que podrían destinarse a otras aplicaciones potenciales. Por otra parte, estos flujos del servicio de la deuda se pueden comparar o relacionar con facilidad -y sin ambigüedad sobre el tipo de flujo/inversión, y viceversa- con un gran número de otros flujos en un período de tiempo dado. En consecuencia, será esta medida la que privilegiaremos en primer término, aprovechando que las IFI le conceden también mucha importancia.

Los indicadores que proponemos, para empezar, pueden ser de tres tipos. Los primeros apuntan a medir el “peso” efectivo del servicio de la deuda sobre la población de los países deudores. A tal efecto, podemos evaluar el importe anual del servicio de la deuda por habitante, que destacará de esta manera el punto de vista de los deudores sobre la deuda. El objetivo de los segundos es mejorar la consideración del sentido y la proporcionalidad de los flujos financieros que se establecen entre acreedores y deudores. Nuestra propuesta es la evaluación de la relación que se establece entre el servicio anual de la deuda y el valor neto de la ayuda oficial al desarrollo recibida en el mismo período. Por último, los terceros tienen como objetivo determinar el impacto del servicio de la deuda sobre el desarrollo de los países. Para ello relacionaremos el servicio de la deuda con los ingresos fiscales del Estado, con los presupuestos anuales de sanidad y de educación, con la masa salarial de la función pública y, en fin, con el monto de la inversión pública. Estas diferentes medidas mostrarán con claridad cómo la carga de la deuda afecta las posibilidades de desarrollo al sustituir otros destinos más benéficos.

Agreguemos, por último, que la medida de una ratio que relacionara el servicio de la deuda, o el stock de la deuda, con el grado de aplicación por un país de las recetas del Consenso de Washington podría constituir un interesante indicador del éxito, en términos de desendeudamiento, de la aplicación de los planes de ajuste estructural.

4. Primeras resultados estadísticas de los nuevos indicadores

Los valores de los siete indicadores propuestos se han medido para el conjunto de los países cuyos datos estaban disponibles, de todos los años comprendidos entre 1970 y 2001. Los primeros resultados estadísticos que se obtuvieron de esta importante masa de datos son los siguientes:

— Servicio de la deuda por habitante: En el año 2000, en los145 países estudiados, el importe medio debido solamente al servicio de la deuda se eleva a 112 $ por habitante. Esta cantidad es superior a 36 $ / habitante en la mitad de estos países, y supera los 149 $ / habitante en el 25 % de los países más afectados. Los valores más altos se encuentran en Hungría (1.348 $ / habitante), Argentina, Croacia, Corea del Sur, México, Uruguay y la República Checa, donde la carga del servicio de la deuda por habitante representa entre el 5 y el 10 % del PIB / habitante. La distribución de este indicador, muy sesgada hacia la derecha, muestra que relativamente pocos países presentan valores muy altos (la mediana es de 36 $), pero también que estos valores son extremadamente elevados.

— Servicio de la deuda respecto a la Ayuda Oficial al Desarrollo neta: En el año 2000, en los 135 países estudiados, el valor medio de este indicador es de 15, pero hay que ser cuidadoso en la consideración de este resultado, ya que el importe de la AOD neta varía considerablemente de un país a otro. Por lo tanto, para que el análisis sea más “equitativo”, decimos que en la mitad de los países endeudados, la carga del servicio de la deuda es superior en más del 30 % al importe de la AOD neta recibida. En el 25 % de los países más desfavorecidos respecto a la ayuda al desarrollo, el servicio de la deuda representa más de 7,5 veces el importe de ayuda recibido. Durante el período 1970-2001, es imposible calcular en forma rigurosa este indicador para algunos países, ya que la ayuda neta fue globalmente negativa o infinitésima en relación a los importes del servicio de la deuda; éste es, por ejemplo, el caso de Venezuela y de Corea del Sur. Para otros países, vemos que los que tienen los valores más altos de este indicador (hasta 600 de media) son Turquía, Chile, México, Argentina, y Brasil. En cambio, para otros países, en particular los más pobres, el indicador tiene valores menores que la unidad, lo que significa que en estos casos el importe de la AOD neta es superior al servicio de la deuda (Togo, Madagascar, Bangladesh, R. D. del Congo, Ghana)

— Servicio de la deuda respecto a los recursos fiscales: En el año 200, en los 57 países estudiados, el valor medio de este indicador es de 0,40, con una distribución relativamente normal. En término medio, durante el período 1970-2001, este indicador muestra que, para muchos países, el servicio de la deuda representa más de la mitad de los recursos fiscales anuales. Los países con valores más altos de este indicador son Bolivia (0,62), Ecuador (0,60), Papúa-Nueva Guinea (0,59), Filipinas (0,58), Sierra Leona (0,54), México (0,53) y Jordania (0,53).

— Servicio de la deuda respecto al presupuesto de sanidad: En el año 2000, en los 133 países estudiados, el valor medio de este indicador es de 2,3, con una distribución relativamente normal. En promedio, durante el período 1990-2000, este indicador muestra que en el 75 % de los países endeudados el servicio de la deuda representa un importe superior al del presupuesto anual dedicado a la salud. Los países con valores más altos de este indicador son: Indonesia (16), Nigeria (13), Costa de Marfil (9), Angora (8), Marruecos (7), y Camerún (6).

— Servicio de la deuda respecto al presupuesto de educación: En el año 2000, en 63 países estudiados el valor medio de este indicador es de 1,5, con una distribución relativamente normal. En promedio, durante el período 1980-2000, este indicador muestra que en el 56 % de los países endeudados, el servicio de la deuda representa un importe superior al presupuesto anual de educación. Los países que en este período tienen valores más altos de este indicador son: Nigeria (11), Indonesia (7), Zambia (5) y Filipinas (4).

— Servicio de la deuda respecto a la masa salarial de la función pública: En el año 2000, en los 56 países estudiados, el valor medio de este indicador es de 2,3, con una distribución sesgada a la izquierda (la mediana es de 1,3). En promedio, durante el período 1990-2001, este indicador muestra que en el 50 % de los países endeudados, el servicio de la deuda representa un importe superior al de la masa salarial pública. Los países con valores más altos de este indicador, durante este período, son: la República Democrática del Congo y Filipinas (5), Hungría (4), Colombia y México (3).

— Servicio de la deuda respecto a la inversión pública: En el año 2000, en los 58 países estudiados, el valor medio de este indicador es de 4,1, con una distribución sesgada a la izquierda (la mediana es de 2). En promedio, durante el período 1970-2001, este indicador muestra que para cerca del 60 % de los países endeudados, el servicio de la deuda representa un importe superior al de la inversión pública. Los países con valores más altos de este indicador, durante este período, son de dos tipos: los que tienen una inversión pública muy débil, como la República Democrática del Congo (9) o Haití (3), y los que soportan un peso de la deuda relativamente muy elevado tales como Argentina (6), Brasil (4), y Uruguay (4).

Documento escrito por François Combarnous, economista, Universidad Bordeaux IV, Francia.